sábado, 31 de diciembre de 2016

La chica en el espejo

Miro a la chica que tengo delante y no puedo evitar soltarle todo lo que llevo pensando años de ella.
Lo primero, que ya no es la chica que era, es una mujer hecha y derecha. Y no puedo evitar tampoco gritarle lo estúpida que ha sido por crecer. Lo idiota que ha sido al madurar tan deprisa.
No hago más que chillar y gritarle. Ella me mira, pero no responde. Solo llora. Ha empezado a llorar hace un tiempo, algo que he dicho le ha dolido. Bastante. Sabe que es verdad.
Le digo que ha sido una mala amiga, que no ha sabido quererme. Que me ha abandonado demasiadas veces por perderse donde no debía.
Y entonces, empieza a pedir perdón, cada vez más alto y más deprisa.  Porque cree que así arreglará las cosas, que todo se arreglará. Pero ya ha perdido demasiado. Tiempo. Personas. A sí misma.
La veo destrozada. Hundida. Se ha rendido ante todo.
Y sin poder soportar las ganas, al final empiezo a golpearla. Un golpe tras otro. Cada vez más fuerte. Cegada por la ira y la rabia. Pero ¿sabes qué? Que la que sangra soy yo, porque estoy frente al espejo y no puedo evitar gritar y romper todo en pedazos. Romperme en pedazos.


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