Una vez que tienes el corazón roto, ya no puedes hacer nada.
Sin darte cuenta, tus días se vuelven un poco más grises, más tristes. Dejas de
comer. Pierdes las ganas. Te deprimes. Nadie lo nota. Y no sabes de donde viene
tanto mal. “Si solo es un corazón roto y el tiempo lo cura todo”. Decías. Pero
el tiempo no cura, y lo roto nunca vuelve a ser lo mismo. Nunca. Te pudres
desde dentro como una mala enfermedad, que se extiende cada día más. Dejas de
ser feliz. Lloras. Las ganas de seguir viviendo desaparecen y quieres morirte.
Al final, desapareces. Y oye, quién lo iba a decir, empezamos con el corazón
roto. Algo insignificante. “Que no se muere de amor”. Dicen.
El amor, la enfermedad más letal de todas las letales.


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