Aún recuerdo los días que pasé contigo. Todos y cada uno de
ellos. Que si me levantaba cada mañana era porque tenía la esperanza de un día
nuevo, una nueva oportunidad para intentar tenerte.
No ha sido fácil. Olvidarte, digo. Porque aunque sabes hacer
daño, también supiste quererme de algún modo. O quizá no lo hiciste. Y si lo
hiciste, no fue lo suficiente.
Recuerdo las veces que me abrazabas tan fuerte como podías y
me decías que era para no perderme, porque no podrías con el dolor si me iba.
Qué ironía, si fuiste tú quien acabo soltándome y dejándome caer, si decidiste
que era mejor perderme. Perderme de vista.
Recuerdo tus miradas cuando no estaba atenta, cuando me
giraba y te ruborizabas porque te había pillado. Recuerdo tu sonrisa al verme
sonreír. Y sin embargo, fuiste tú quien me la quitó de la cara, llenándome de
tristeza los días y haciendo imposible que otro pudiese sonreír debido a mi
sonrisa. Tan egoísta como siempre.
Hay muchos recuerdos. Muchos. Y no me dejan dormir. Llevaba
tiempo culpándome, de las cosas que aparentemente había hecho mal, y no eran
pocas. Errores. Me he dado cuenta de que tú también tuviste parte de culpa en
este asunto. Siempre con la inseguridad de si no te quería, pero es que lo
hacía y fuiste tú quien destruiste un corazón con tanto dolor. Errores. Fuiste
el más bonito de los errores. Porque al igual que todo desastre, había un lado
bueno.

No hay comentarios:
Publicar un comentario