sábado, 18 de marzo de 2017

A veces hay que volver a nuestro hogar para saber a dónde pertenecemos.

Hoy decidí ir a verte, después de todo este tiempo. Iba con algo de nervios, pero podía controlarlos. Me sentía preparada. Una vez allí, tiemblo. No ha sido hasta el último segundo antes de llamar a la puerta, que me ha entrado el miedo. Un miedo que me ha comido viva. No puedo dar marcha atrás. La puerta se abre y veo a esa persona que llevo tanto tiempo sin ver y su expresión de “¿quién eres?”. Ya sé que he cambiado. A los pocos segundos, su expresión cambia a una de reconocimiento y alegría porque he vuelto. Después de tanto tiempo. Vuelvo. Vuelvo al lugar que me vio crecer, a la persona que me enseñó tanto, a la persona que fundó mis bases.
Rompo a llorar y me abraza. Es en ese momento que me doy cuenta de lo mucho que te he echado de menos. Que el tiempo no pasa en vano. Y que estoy rota.


A veces hay que volver a nuestro hogar para saber a dónde pertenecemos. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario