Hoy decidí ir a verte, después de todo este tiempo. Iba con
algo de nervios, pero podía controlarlos. Me sentía preparada. Una vez allí,
tiemblo. No ha sido hasta el último segundo antes de llamar a la puerta, que me
ha entrado el miedo. Un miedo que me ha comido viva. No puedo dar marcha atrás.
La puerta se abre y veo a esa persona que llevo tanto tiempo sin ver y su
expresión de “¿quién eres?”. Ya sé que he cambiado. A los pocos segundos, su
expresión cambia a una de reconocimiento y alegría porque he vuelto. Después de
tanto tiempo. Vuelvo. Vuelvo al lugar que me vio crecer, a la persona que me
enseñó tanto, a la persona que fundó mis bases.
Rompo a llorar y me abraza. Es en ese momento que me doy
cuenta de lo mucho que te he echado de menos. Que el tiempo no pasa en vano. Y
que estoy rota.
A veces hay que volver a nuestro hogar para saber a dónde
pertenecemos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario