Un día, sentado en el banco de siempre. La veo pasar, a la
hora de siempre, tan puntual. Con el pelo en la cara, debido al viento. Con la
capucha puesta si llueve. Y esos ojos que tanto le brillan mientras observa
todo a su alrededor. Ve belleza en el paisaje. Ve mucho más de lo que
cualquiera vería. Y esos labios rojizos, que se curvan para formar una sonrisa
por algún recuerdo, o que simplemente tararean una canción de esas que la
vuelven loca. No hay día que no lleve un modelito perfecto para ella y que no
lo luzca con ganas. Mírala, si parece que está en un videoclip de alguna
canción, con sus pasos de modelo. Pero despreocupados y apresurados a su vez.
Así es.
Y no podría ser otra más que ella. Única e inigualable.
Inalcanzable.

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